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¿Sabiendo que el tiempo borra las piedras pero nunca los recuerdos? La misteriosa historia de la antigua finca San Antonio en Tacotalpa

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La arquitectura tradicional de las antiguas haciendas tabasqueñas revive en esta representación de la histórica Finca de San Antonio, destacando su clásica estructura de un solo nivel con columnas blancas, corredores abiertos y un tejado de tejas de barro rojizo. Este
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Un vestigio centenario entre potreros y caminos de la Sierra

Tacotalpa entre potreros, maleza y el profundo silencio de los caminos que conducen desde Santa Rosa hacia Pochitocal, se yergue silenciosa una antigua casona construida a base de ladrillos, mampostería tradicional y tejas de barro. A simple vista para cualquier viajero ocasional, podría parecer una construcción rural abandonada más dentro del paisaje tabasqueño; sin embargo, tras cruzar sus grandes puertas, contemplar sus amplias ventanas y recorrer sus corredores desgastados por el paso de las décadas, se esconde un fascinante relato histórico que se remonta a más de 150 años de existencia.

¿Sabiendo Que El Tiempo Borra Las Piedras Pero Nunca Los Recuerdos La Misteriosa Historia De La Antigua Finca San Antonio En Tacotalpa

Esta propiedad es la histórica finca San Antonio, un sitio de gran relevancia que ya figuraba formalmente en el Compendio Histórico, Geográfico y Estadístico del Estado de Tabasco, publicado por el historiador Manuel Gil y Sáenz en el año 1869. En aquella época decimonónica, los registros oficiales ya documentaban una población de 42 habitantes en el lugar, lo que permite dimensionar la magnitud e importancia económica que poseía mucho antes de la llegada del Porfiriato, dejando en el aire la interrogante sobre quiénes fueron sus auténticos constructores originales y cuántas generaciones pasadas habitaron sus salones.

De doña Carmita Pintado al ocaso de las grandes haciendas rurales

¿Sabiendo que el tiempo borra las piedras pero nunca los recuerdos?

Décadas más tarde avanzando hacia los años sesenta y setenta del siglo pasado, la finca pasó a formar parte del patrimonio de doña Carmita Pintado. Según testimonios familiares recopilados en la región, ella era descendiente directa de don Camilo Pintado y heredó esta y otras extensiones de tierra de sus padres, encontrándose además casada con don Anselmo Nieto en aquellos años de bonanza rural, la figura de doña Carmita formaba parte activa del paisaje cotidiano; los lugareños aún recuerdan cómo solía trasladarse al dispensario médico de Dos Patrias a bordo de un llamativa tractor azul, acompañada siempre por su esposo.

¿Sabiendo Que El Tiempo Borra Las Piedras Pero Nunca Los Recuerdos La Misteriosa Historia De La Antigua Finca San Antonio En Tacotalpa
Los muros desgastados de la antigua Finca de San Antonio, ubicada en la comunidad de Santa Rosa, municipio de Tacotalpa, son testigos silenciosos de la historia rural de Tabasco.

No obstante, las leyes del tiempo y la economía no perdonan ni a las edificaciones que en su momento representaron poder y riqueza. Tras ser vendida por sus herederos, la casona cayó en un paulatino estado de abandono la propiedad pasó posteriormente a manos de don Julián Priego, oriundo de Jalapa, y más adelante a sus descendientes poco a poco, las habitaciones quedaron completamente vacías, las puertas cedieron ante la humedad, los techos comenzaron a desplomarse y la vegetación tropical comenzó a reclamar con paciencia lo que alguna vez fue suyo, convirtiéndola en un monumento a la nostalgia.

Misterios nocturnos y oscuros pasajes carcelarios entre muros de leyenda

Hoy en día, el único habitante permanente de este paraje es Santo, conocido afectuosamente por los pobladores de Santa Rosa como «Santo Sapo», quien ejerce como fiel vaquero y cuidador de los terrenos y del ganado que aún pasta en las inmediaciones. Santo no solo conoce de memoria cada rincón de la finca, asegura ser testigo directo de los enigmas que la envuelven relata que, al caer la noche y cuando la oscuridad sepulta las viejas recámaras, es posible avistar a una misteriosa niña rubia, vestida impecablemente de blanco, que permanece inmóvil y en absoluto silencio sentada en el quicio de una de las grandes ventanas.

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Pero más allá de las leyendas de apariciones espectrales, la finca guarda un pasado histórico mucho más inquietante y real. De acuerdo con la tradición oral transmitida a través de los años, una de las habitaciones de la casona funcionaba antiguamente como una prisión improvisada para castigar a los peones que se sublevaban contra el régimen de los patrones quienes eran catalogados como los más conflictivos terminaban amarrados y conducidos a la fuerza hasta la orilla del río cercano, desde donde se les embarcaba rumbo a San Juan Bautista —hoy conocida como Villahermosa— para permanecer cautivos.

Entre la soledad del abandono y la preservación de la memoria regional

De aquella próspera finca que en el siglo XIX albergaba a decenas de familias y trabajadores, hoy en día solo restan murallas colapsadas, cimientos carcomidos por la humedad y los ecos de una época dorada de las haciendas tabasqueñas. Sus corredores ya no escuchan pasos firmes ni risas, sino el susurro del viento entre la maleza y las historias que los antiguos pobladores se niegan a dejar morir en el olvido.

Quizá las apariciones nocturnas y los lamentos no sean más que proyecciones de la soledad y el aislamiento del entorno, o tal vez San Antonio guarde celosamente los secretos más profundos de quienes moldearon la tierra de la Sierra. Lo cierto es que este inmueble dejó de ser una simple estructura derruida para convertirse en un valioso fragmento de la identidad rural de Tacotalpa, Tabasco, un recordatorio tangible de un pasado que, a pesar del olvido institucional, se resiste firmemente a desaparecer para siempre.

Créditos; Cronista Cesar García

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