El cantautor y actor Mané de la Parra y la reconocida directora de orquesta Alondra de la Parra comparten algo más que un apellido y talento artístico: ambos son nietos de la legendaria escritora e historietista tabasqueña Yolanda Vargas Dulché, creadora de clásicos como Rubí, Yesenia, El Pecado de Oyuki, María Isabel y Memín Pinguín.



Nacida en Villahermosa, Tabasco, en 1926, fue una de las autoras más leídas de México y Latinoamérica, comparada incluso con Corín Tellado por su enorme impacto editorial. Su carrera comenzó en los años 40, escribiendo cuentos y guiones para historietas hasta fundar junto a su esposo, Guillermo de la Parra, el Grupo Editorial Vid, cuna de publicaciones que marcaron a generaciones.
Sus historias, cargadas de drama, pasión y retratos profundos de la sociedad mexicana, no solo fueron éxitos en papel; muchas llegaron a la televisión y al cine, interpretadas por figuras como Bárbara Mori, Adela Noriega, Ana Martín y la recordada Fanny Cano. Su obra traspasó fronteras llegando a Filipinas, Japón, Italia, Colombia, Estados Unidos e incluso a la China comunista.
Pero su legado más íntimo vive en su familia su hijo Manelick de la Parra fue padre de Mané y Alondra, quienes hoy cada uno desde su trinchera artística, honran la herencia creativa de su abuela. Mané ha conquistado al público con su voz y su actuación en telenovelas como Corona de Lágrimas y Amor de Barrio, mientras que Alondra ha llevado la música sinfónica mexicana a escenarios de talla mundial, dirigiendo orquestas en Europa, Estados Unidos y América Latina.



A lo largo de su vida, Yolanda se distinguió por su disciplina, su defensa de la calidad narrativa y su capacidad para retratar la fortaleza de las mujeres en medio de la adversidad. Valores que según allegados, inculcó también en su familia tanto Mané como Alondra han expresado en entrevistas el orgullo de pertenecer a una dinastía que ha marcado la historia cultural del país.
Este 8 de agosto del 2025, se cumplen 26 años de su fallecimiento, sigue viva en cada reedición de sus historietas en cada adaptación televisiva y, sobre todo en el trabajo de sus nietos, quienes mantienen encendida la llama de su legado artístico y amor por México.



