Tabasco, México. — La gesta heroica que comenzó la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores, Guanajuato, bajo el liderazgo del cura Miguel Hidalgo y Costilla, representó el parteaguas que sacudió los cimientos del Virreinato de la Nueva España.
Sin embargo debido a la vasta geografía del país, la complejidad de las comunicaciones y, de manera muy particular, la absoluta carencia de una imprenta local que permitiera la libre circulación de ideas y noticias impresas, el eco libertario tardó cuatro largos años en fracturar el aislamiento político de tierras tabasqueñas.

Durante este periodo inicial, la región se mantuvo bajo un férreo control realista donde la información llegaba a cuentagotas y las autoridades coloniales extremaban la vigilancia para sofocar cualquier atisbo de insurrección. No fue sino hasta que figuras valientes desafiaron el statu quo que el anhelo de libertad comenzó a germinar en el sureste.
El despertar tardío: José María Jiménez, Juan N. Fernández Mantecón y el Plan de Iguala
La Independencia de México en Tabasco
Independencia. El primer destello documentado de resistencia organizada en la provincia ocurrió cuando don José María Jiménez se atrevió a encabezar a un grupo de patriotas tabasqueños decididos a adherirse a la causa independentista, un acto de audacia que de inmediato atrajo la persecución y condena a prisión por parte del gobernador realista de la época, el coronel Gabriel de Heredia.
La escasez de recursos informativos y la lejanía de los centros de rebelión mantuvieron a la provincia marginada de las primeras campañas militares de la Independencia; sin embargo, la marea histórica terminó por imponerse.
Fue hasta el trascendental año de 1821 cuando don Juan N. Fernández Mantecón, con una visión renovada y en sintonía con los acontecimientos nacionales, proclamó formalmente la Independencia en el territorio y convocó a la población a jurar el Plan de Iguala el 8 de septiembre de ese mismo año.
Este acontecimiento no solo rompió definitivamente los lazos con la Corona española, consagró a Fernández Mantecón como el primer gobernador de Tabasco en la época independiente, culminando este proceso fundacional el 5 de febrero de 1825, fecha en que vio la luz la primera Constitución Política del Estado libre y soberano.
Convulsión política y la defensa heroica frente a la invasión norteamericana
Las primeras décadas de vida independiente en Tabasco, al igual que en el resto de la joven nación mexicana estuvieron lejos de ser tranquilas. El territorio se vio profundamente empañado por las luchas fratricidas entre facciones políticas opuestas —centralistas contra federalistas, y liberales contra conservadores—, un clima de inestabilidad que limitó el margen de acción de los administradores locales, entre los que sobresale la figura de José Rovirosa, quien gobernó la entidad entre 1830 y 1832 intentando estabilizar la economía y la administración pública en medio del caos nacional.

A la inestabilidad interna se sumó una de las pruebas más severas para la soberanía nacional: la invasión estadounidense de 1846-1847. Como parte de su política expansionista, las fuerzas de Estados Unidos sitiaron el puerto de Veracruz y, el 21 de octubre de 1846, enviaron una goleta de guerra al mando del comodoro Mathew Perry para someter al territorio tabasqueño, apoderándose al día siguiente del Puerto de Frontera, que se encontraba desprovisto de una guarnición defensiva.
Ante la inminente caída de la región, emergió la figura heroica del comandante mexicano Juan Bautista Traconis, cuya valiente actuación logró resguardar temporalmente la capital del estado y rechazar con éxito el embate inicial de los invasores.
No obstante las tropas estadounidenses reorganizaron sus fuerzas, volvieron a invadir el territorio y se apoderaron de la ciudad tras un feroz combate, los invasores abandonaron la capital 35 días más tarde, no sin antes incendiar y arrasar la mayoría de las viviendas en un acto de represalia.
Leyes de Reforma, la intervención francesa y la epopeya republicana
Los años posteriores trajeron consigo nuevos movimientos sociales y políticos, en 1854 se articuló el Plan de Ayala para combatir la última y convulsa dictadura de Antonio López de Santa Anna, causa a la que se sumó decididamente en Tabasco el gobernador Victorio Dueñas, quien posteriormente decretó la adhesión del estado a la avanzada Constitución Federal del 5 de febrero de 1857.
Sin embargo, el carácter profundamente liberal de esta nueva Carta Magna y la promulgación de las Leyes de Reforma generaron una intensa reacción de rechazo entre los sectores conservadores, desencadenando la destructiva Guerra de Tres Años.
Este conflicto interno preparó el terreno para una nueva y dolorosa intervención extranjera: la invasión francesa y la imposición del efímero Segundo Imperio Mexicano encabezado por Maximiliano de Habsburgo (1861-1867).
En febrero de 1863, un batallón de patriotas voluntarios comandado por Francisco Vidaña propinó una contundente derrota a las fuerzas francesas en San Joaquín, entre Palizada y Jonuta; lamentablemente ese mismo mes el puerto estratégico de Frontera cayó bajo el control de los invasores.
Ante la ocupación la respuesta tabasqueña no se hizo esperar, en octubre de 1863, los ilustres patriotas Andrés Sánchez Magallanes y Gregorio Méndez Magaña asumieron el liderazgo y dieron inicio a la heroica resistencia armada contra el ejército invasor y sus aliados conservadores.
A principios de 1865 se libró la célebre batalla de Jahuactal, un enfrentamiento clave que selló el triunfo de las armas republicanas en la región y que culminó, el 27 de febrero de ese mismo año, con la expulsión total y definitiva de los imperialistas del suelo tabasqueño.
Progreso, modernización y el umbral del siglo XX
Superadas las recurrentes tormentas bélicas e intervenciones extranjeras, el final del siglo XIX atestiguó el paso de administraciones estatales que se adhirieron firmemente a los principios del juarismo y, posteriormente a las directrices del régimen de Porfirio Díaz.
Fue precisamente durante esta época de relativa estabilidad cuando Tabasco se enfiló decididamente hacia la senda de la modernización material y cultural: en 1879 abrió sus puertas el emblemático Instituto Juárez de Artes y Ciencias; para 1881 la capital, entonces llamada San Juan Bautista, quedó comunicada telegráficamente con el centro de la República; y una década antes de concluir la centuria, la ciudad estrenó su servicio de alumbrado público.
Esta etapa estuvo marcada por el largo mandato del gobernador Abraham Bandala, quien ejerció el poder con interrupciones a lo largo de 16 años.



